viernes, septiembre 20, 2019
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¿Y si cambiamos el Concejo?

¿Y si cambiamos el Concejo? en politica, opinion
¿Y si cambiamos el Concejo? en politica, opinion


Este año cambia el Concejo Deliberante, ocho ediles dejan sus bancas y tan solo uno aspira a renovar. Pero últimamente el desempeño de los actuales concejales deja mucho que desear. El debate es pobre, la participación escasa y la presencia nula.

¿Y, si en vez de cambiar concejales, cambiamos el Concejo?

Este año fue notoria la baja producción de los concejales. En cuestiones elementales de discusión que demanda la sociedad, muchas veces se optó por no enfrentarlas. El caso Moviport y Código de Ordenamiento Urbano es un ejemplo: ante la falta de debate, la ausencia fue la principal arma.

Esta estrategia no fue en búsqueda de evitar los cambios, el apuro del oficialismo en sacar los proyectos y la decisión de la oposición de no debatir e irse del recinto, dejo huérfano un debate necesario. Después funcionarios e, incluso, el mismo intendente renegarían de lo “que cobra un concejal y no se sienta a debatir”.

Pero hay un elemento más a esta crítica, la labor del concejal. Es habitual recorrer las instalaciones del Concejo Deliberante y encontrarse la ausencia de concejales. Esos mismos concejales que a los vecinos les cuestan más de 7,5 millones de pesos al año solamente en sueldo, no prestan un servicio acorde a lo que la sociedad demanda.

Si al costo le sumamos el pobre debate que se genera, hay más opciones para determinar que todavía, el Concejo Deliberante tiene mucho que justificar.

Cada 15 días

Los ediles se reúnen en sesión cada 15 días, los dos primeros jueves del mes. Ese es su única obligación en la cual dan cuenta de presentismo. Si no firman el acta, no cobran.

Lo paradójico es que este mes de junio cuenta en su calendario con 5 jueves, pero como ya trabajaron los 2 establecidos, el tercero no cuenta. Esta modalidad de trabajo pone de manifiesto el interés que le da  la envestidura que llevan.

Vale aclarar que los concejales se reúnen durante la semana en las reuniones de comisión. En días y horarios desconocidos para los vecinos y sin ningún registro serio de la asistencia a esas reuniones.

El primer piso desierto

En los días que no hay sesión, recorrer el recinto del primer piso del palacio municipal es una imagen desértica. Es improbable cruzarse con algún concejal o poder interactuar con ellos. No cumplen horarios ni dan audiencias, solo el azar garantiza la presencia.

El presidente del Concejo Deliberante, Ricardo Belos, solo está presente en las primeras horas de la mañana. Luego se ausenta por su “labor privada”. Parece que los intereses privados son más importantes que representar al pueblo que lo eligió.

Pero no solo Belos interpone su actividad privada por la de concejal. Varias ausencias se deben a que muchos concejales priorizan lo mismo.

Durante las sesiones es recurrente que haya faltazos y ausencias durante lo que dura la jornada. Incluso hay concejales que prácticamente no se les conoce la voz en los debates, siempre que lo haya.

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Un nuevo Concejo

El ideal de un nuevo Concejo parece una utopía. Un órgano que realmente represente al pueblo que lo elige, y que esté al servicio del mismo.

Las elecciones de este año parecen una carrera para ver quien llega, y no el cómo. Nadie reniega de las prácticas del Concejo, pero debe estar el tema en discusión durante la campaña.

Primero: que los concejales estén presentes, en lo que la gente necesita y discutiendo temas enriquecedores. Establecer un cronograma de atención a los vecinos, que puedan estar en contacto con lo que urge en el seno de la sociedad. Discutir cada 15 días, de espalda a lo que le pasa a la gente es ningunear la posibilidad que les dieron, de representarlos y ganar un buen sueldo. Generar un cronograma de atención al público, en el recinto y las demás localidades para que puedan recibir a los vecinos.

Segundo: exigir un mínimo de presentación de proyectos por autor. Hay concejales que no han presentado ningún proyecto. La autoría de proyectos enaltece el rol que protagonizan, pero siempre es más fácil esconderse en lo que escribe el otro, ya sea para levantar la mano sin dudar u oponerse por que sí. De alguna manera seria retribuir con productividad los 35 mil pesos que se llevan por mes.

Tercero: discutir la incompatibilidad de funciones. No puede un concejal sostener una responsabilidad crucial como es representar al vecino de Ramallo y decidir por su futuro si se preocupa más por su labor privada. Además, puede malinterpretarse las decisiones que vota, como ser un comerciante que vote tasas, o un empresario que vote beneficios. Atender de los dos lados del mostrador es sospechoso y poco ético. Como lo es también que dispongan más tiempo a sus trabajos habituales que al de representar al pueblo que los eligió. Mínimamente deberían pedir licencias en sus trabajos y abocarse a la responsabilidad por la que fueron electos.

Cuarto: sesionar en las localidades. Las reuniones del Concejo Deliberante son los jueves desde las 19hs en el recinto que está en la ciudad cabecera. Cuando debería ser más flexible y dinámico: sesionar alternadamente en otras localidades, con cronogramas establecidos, generaría mejor imagen del mismo. Poder unir las necesidades de todos los vecinos, muchas veces alejadas por las dimensiones del partido de Ramallo, y hacerse presentes en las localidades que lo conforman, hablaría de una participación más amplia, que solo verse la cara cada 15 días con los mismos de siempre.

Y por último, quinto: auditoria pública. Poder conocer los registros de asistencia, presentaciones de proyectos, intervenciones en las sesiones, votaciones, etc. de cada concejal, para un mejor seguimiento de los vecinos y mayor control de responsabilidad. Cada concejal les sale caro a los vecinos de Ramallo, solo se pide que retribuyan ese esfuerzo.

 




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