miércoles, octubre 23, 2019
Opinión

#Relexion «Los abrazos son impostergables» (*)

Que los amigos son importantes, nadie puede negarlo. Sin embargo, hay amistades de las especiales, en las que tal vez no ves a tu ser querido con frecuencia y cada vez que lo ves, es como el tiempo no hubiera pasado. Pero pasa. Lo bueno de que “pase” es que hay revancha, que después de la espera tenés la posibilidad de volver a verlo. Pero nadie puede garantizar esto.

Hace muy poco, me enfrenté a la cruel ausencia de un gran amigo que falleció de forma implacable. Busqué, como todos en este tipo de situaciones, la lógica a la muerte –que como dice la Renga, «está tan segura de vencer que nos da una vida de ventaja»- en una lucha incansable por frenar ese vacío que a uno le genera la sensación de no poder volver a verlo. En él se fue un amigo, pero también un referente profesional y humano. Un hombre que podía hacer mejor a las personas que lo rodeaban, que iluminaba como un faro a todos. Sin pedir nada a cambio. En ese momento, se me ocurrió la frase: “Los abrazos son impostergables” y creo que resume perfectamente lo que quiero compartir con vos.

El abrazo es, probablemente, una de las manifestaciones más cariñosas que uno puede brindarle al otro. Al abrir los brazos bajás la guardia, te entregás a lo que venga y voluntariamente te mostrás desarmado. Exige –a pesar de los avances de la tecnología- estar presente físicamente y además, rompe con el prejuicio del contacto físico que, como tantas otras cosas, nace con el pecho materno y se va enfriando con el aumento de la influencia de la sociedad y sus prejuicios. Es pecho con pecho, hombro con hombro, rodeando la humanidad que cubre a ese corazón que late con vos. Y cuando el otro no está, no es abrazo. Es cualquier otra cosa menos eso.

La vida nos engaña permanentemente, entre urgencias y responsabilidades; crecer económica y profesionalmente, la familia, los celos, los compromisos y tantas otras cosas que afectan la elección voluntaria de las prioridades. Sin embargo, nada tiene sentido sin la gente a la que amás. Como dice el dicho popular: “de nada sirve tener éxito si no tenés con quién compartirlo”. Uno se adormece en la rutina, sube la guardia porque se siente atontado y, en efecto, se atonta al descuidar los vínculos en un mar de “por ahoras” que te hacen olvidar que desde arriba te pueden “bajar la térmica” en cualquier momento. Y se acaba el cuento.

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A Ernesto no lo voy a volver a ver nunca más en mi vida y no puedo describirles el dolor que siento. Multiplíquenlo por mil y ahí van a tener dimensión de la bronca que genera saberse responsable de no abrazarlo cuando pude y de haber elegido otras prioridades en vez de compartir la vida.

Rod Stewart canta “Hace cuánto tiempo que no te digo que te amo” y es inevitable que dispare mi mente al momento en el que perdí a mis viejos y no pude despedirme. Porque la muerte es dura e injusta, pero enseña. Y a pesar de ello, no es fácil escarmentar y cambiar de hábitos. ¿Cuánto hace que no ves a tus seres queridos, que no le decís que los querés? Lo trágicamente maravilloso de la vida es que nunca se sabe cuándo se termina y la receta para vencerla es vivirla priorizando lo que es importante por sobre lo urgente. Y vivir al 100% de tus posibilidades.

Mientras leés esto, ya pasaron más de 5 minutos que no llamás a tus viejos o a tus hijos. Decile lo que sientas, no hay nada que sea tan grave que no se pueda arreglar, comparado a la muerte. Hacelo por mí, ya que a Ernesto no se lo voy a poder decir más.

(*) por Matías Rosa, conductor de Es Ramallo en FM 88.9 NBA

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