Opinión

Libertinaje de expresión




Quizás el título puede darnos pie para formar un concepto nuevo sobre algo que vemos día a día en las redes sociales. Definamoslo como “abuso de la libertad sin asumir consecuencias de sus propios dichos” y partamos de aquí para hablar de algunos sucesos de las últimas semanas.

Pareciera que el hecho de tener un perfil en una red social nos da la potestad de decir cualquier cosa sobre cualquier tema. Esto no implica grandes inconvenientes en tu perfil o el mío, donde solo tenemos familiares y conocidos que muchas veces ni siquiera ven lo que publicamos. Sin embargo, esto se agrava cuando se trata de personalidades con mucho público, ya sea por ser figuras televisivas o simplemente por cosechar muchos seguidores en Instagram o Youtube. El mensaje que ellos dan, tiene llegada sobre muchas personas e influyen en el pensamiento de los receptores (He aquí el origen del término Influencer) y eso es peligroso.

Redes, medios de comunicación y gobiernos

Desde siempre, el hecho de llegar a las personas se refleja como un superpoder. No debemos olvidar que esto conlleva una gran responsabilidad, aunque muchos no lo tengan presente. Y aquí vale un paréntesis: No usar la obligación de informar por parte de quienes deben hacerlo, y tienen esa responsabilidad ante los vecinos (y para con sus salarios), los convierte en individuos que faltan a sus deberes como funcionarios públicos (un delito en cualquier país serio).

Metidos en el ámbito local podemos observar que “medios de comunicación” (y lo pongo entre comillas porque algunos no catalogan como tal) que buscan informar a los ciudadanos simplemente realizando posteos en Facebook, evadiendo cualquier responsabilidad civil, y aún así cobrando pauta municipal, es decir, desinforman con financiamiento público aumentándola confusión, generando información dudosa, tramposa o conveniente; una práctica que hace que nuestra sociedad retroceda culturalmente. Estos productos de Facebook, insisto, sin responsabilidad legal alguna, propiciando un estado de contradicción, escribiendo para confundir y sacar de contexto lo que verdaderamente importa: los hechos tal como suceden.

Errores

Algunos días atrás, muchos publicaron la triste noticia de un hombre que se quitó la vida, algo que debe evitarse en los medios, no solo por sensibilidad o sentido común, sino por las consecuencias psicológicas que estos hechos en particular, pueden causar en personas en estado de gran vulnerabilidad mental. Y quienes no entiendan nada de esto, debería abstenerse de conseguir vistas, aunque sea por consejo del propio Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) y que, a través de distintos estudios, se conoce que estimula nuevos suicidios. En el arrebato de la primicia, se cometen estos errores de los cuales a posteriori nadie se hace cargo.

El impacto

Saliendo del ámbito local, a nivel nacional, podemos inundar la nota de ejemplos donde la desinformación (a propósito o no) tiene gran repercusión, no solo por quien lo dice, sino por la difusión que hacen los seguidores.

Ivana Nadal fue tendencia en Twitter durante el día 2 de noviembre por una publicación en las historias de Instagram, con un video donde decía lo siguiente: “El otro día hablaba de lo que era la depresión y la ansiedad y mucha gente me vino a decir que es una enfermedad la depresión. Y yo te pregunto: ¿no sabías que todas las enfermedades son emocionales y que tienen cura si creés en vos? Replantealo. Fijate. Si no creés, está perfecto. Cada uno puede creer lo que quiera en su vida, por eso cada uno tiene la propia. A disfrutar”

Una total falta de respeto hacia las personas que padecen estas enfermedades y conocen bien que la solución no es tan simple como propone la modelo. El repudio no tardó en llegar, no sólo del público en general, sino también por personas capacitadas que estudiaron medicina y tienen el conocimiento necesario para abordar estos temas.

El día 24 de Octubre, la médica Chinda Brandolino, a través de un mensaje audiovisual, en un video de YouTube de 1 minuto y 47 segundos, con casi 70 mil reproducciones, en el que la misma usuaria, vinculada con los movimientos antivacunas y organizaciones negacionistas del Holocausto, lee algunas afirmaciones y conclusiones sobre cómo supuestamente funciona la vacuna contra la COVID-19, sin aludir a ninguna en particular de las más de 200 que aún están en investigación. La misiva digital estaba dirigida a los senadores nacionales, que debatieron la media sanción del proyecto de “Ley de Vacunas Destinadas a Generar la Inmunidad Adquirida” contra esta enfermedad.

Genera temor que una médica pueda desinformar tanto en un lapso de tiempo tan corto, pudiendo llegar a personas que quizás acepten ese mensaje como cierto.

Ejemplos así abundan en las redes sociales y es nuestro trabajo dudar de la información, chequear lo que nos cuentan, preguntarnos por qué nos dicen esto y pensar antes de compartir.





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