Opinión

La pandemia, mojón de la historia




Una oportunidad. Pese a la incertidumbre que acarrea, este tiempo inédito ofrece, según el autor, la chance de revisar dogmas en pos de un futuro mejor.

Por Lautaro Dentone, abogado UNR.

¿Cómo hay que explicar el siglo XX corto? A esa pregunta el historiador Eric Hobsbawn le dio respuesta en un libro llamado Historia del Siglo XX (1914-1991) donde ya en su primera edición en 1995 se había animado a decir, con absoluto criterio y respaldo, que el siglo XX fue «corto». Eso por considerar que ese siglo transcurrió en 77 años. Para ello tuvo en cuenta dos hechos trascendentales en la humanidad, que fueron el comienzo de la Primera Guerra Mundial y los eventos pos caída del muro de Berlín con el hundimiento de la URSS y el diagrama del mundo moderno, la globalización y lo que algunos llamaron el fin de la historia.

Tomando en consideración esta interesante perspectiva de la historia moderna, podemos decir entonces que el siglo XXI arrancó antes, a principios de la década del 90, cuando se empezó a consolidar la «globalización», las distancias y los tiempos se empezaron a acortar y eso impactó directamente en los estilos de vida en casi todo el mundo. El cable ondulado de telefonía fija se empezó a ver rápidamente reemplazado por los primeros teléfonos celulares y las computadoras ingresaron en los hogares en términos epidemiológicos. Sin dudas la tecnología atravesó y penetró tanto en la cotidianeidad que prácticamente se transformó en ella.

Pero claro, si hacemos un breve repaso de estos treinta años a la actualidad, el ritmo universal se mantuvo. Más allá de las cientos de millones de consideraciones que se puedan hacer, siguió habiendo imperios, desarrollo y subdesarrollo, hambre y abundancia, relativos sistemas capitalistas y comunistas, terrorismo y guerras. También se avanzó en la consolidación de democracias modernas y el aperturismo comercial e ideológico y tal vez las cosas se pusieron sobre la mesa sin viejos rencores ni tabúes, así y todo las estructuras seguían consolidadas y el mundo llevaba un rumbo hasta con amenazas de guerras nucleares.

Si bien al día de hoy no podemos conocer ni el origen ni el destino de esta pandemia que hoy nos aqueja, si nos da una única y absoluta certeza que paradójicamente es el poder de la duda. Más allá del romanticismo peculiar de valorar abrazos, encuentros, la humanidad y su necesidad de vivir en aldea y todas esas conjeturas más personales que otra cosa, esto nos permite poner en crisis conceptos, estructuras, funcionamientos, personas, cargos, jerarquías, divertimentos, creencias que hasta el año anterior parecían ahí casi impolutas en la humanidad entera.

Tratar de relatar ello podría ocupar miles de páginas, pero cada lector podrá hacer el ejercicio sin ningún obstáculo con esa sensación de ver al mago que revela el truco y nos desilusiona como niños en cualquier momento etario de la vida.

En lo que a mí respecta y me ocupa, hemos visto como el servicio de Justicia se vio alterado ante la inacción, por haberse cristalizado que así no puede seguir funcionando, que tiene dogmas y funcionamientos que responden a épocas anteriores a 1990 y que las personas que lo ejercen y ordenan de forma institucional jerárquica, tal vez deban rever privilegios que sin dudas nos atan a lo peor de la historia.

Escuchamos a diario que «de esto no salimos iguales» y nada más certero que ello seguramente, ya nadie quiere volver a la normalidad que tan cómoda nos parecía, sobre todo cuando algo invisible al ojo humano puso en duda o crisis absolutamente todo, incluso el concepto mismo de tiempo, modos de alimentarnos, cadenas de producción y lo que se nos pueda ocurrir.

Cuesta al día de hoy entender si esta pandemia-mojón en la historia alarga el Siglo XX o adelanta el Siglo XXI, pero más allá de eso que en un tiempo se sabrá o no, es creo que el único momento de la historia moderna donde el mundo entero se permitió volver a los orígenes y de modo inconsciente ejercer la más pura filosofía y pensar con sentido crítico, de ello seguramente algo bueno saldrá.

Fuente: La Capital





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