Opinión

Hacer memes no es hacer política




Si bien a lo largo de la historia el humor ha sido una herramienta para llevar un mensaje político a la sociedad, en los últimos años este fue mutando, perdiendo su esencia y su valor. De este modo, podemos observar sobre todo en las redes sociales, como se vino abajo la creatividad, la profundidad y hasta la manera de confeccionar las críticas hacia el poder y los poderosos. Con los llamados “memes” que surgen de manera inmediata – y me atrevo a decir apresurada -, la risa puede que siga presente, no así su cualidad de enjuiciar a quien corresponda.

Para encontrar el surgimiento del humor político gráfico debemos situarnos en París, tras la Revolución Francesa el escenario en el que comienza y evoluciona el éste como comentario crítico al poder político dentro del marco de la actividad periodística. La figura emblemática de Charles Philipon, uno de los primeros caricaturistas políticos profesionales y la fundación del periódico satírico semanal La Caricature en 1830 son referidos como los hitos que marcaron la trayectoria del humor gráfico en la prensa, entre otros, por Natalia Meléndez Malavé (2008) y Robert Justin Goldstein (1989).

Philipon dibujó para La Caricature una caricatura satírica contra el rey Luis Felipe por la que tuvo que ser encarcelado. Daumier corrió igual suerte justamente con una caricatura con el mismo objetivo, el rey Luis Felipe. Y no fueron casos atípicos. Desde sus orígenes el humor político en la prensa está en estrecha relación con la cuestión de la libertad de expresión y de su falta, es decir, la censura o incluso la represión definitiva de la actividad periodística.

Un principio fundamental del humor político tal y como este empezó a configurarse en su primera manifestación en Occidente era que las flechas críticas de los autores deberían ser dirigidas exclusivamente a los poderosos y nunca al pueblo. He aquí el primer punto donde vemos un retroceso, una involución del humor político que se expresa en las redes sociales, donde los proyectiles no solo van dirigidos a los poderosos, sino también al sector de la sociedad que piensa distinto, dividiendo a la población en lugar de unirla para vencer a “los de arriba.

En algún momento, para citar un ejemplo más cercano, Luis Landriscina escribió “Caudillo el hombre” donde a través del humor y la burla a los personajes propios del ambiente, realiza una inteligente crítica al sistema político, a los caudillos y a los mecanismos usados ante los opositores al poder de turno. Si bien se trata de una obra hablada por el humorista argentino, sabemos que éste se destacó por la facilidad de graficar con sus palabras cada imágen que proponía y nos permite hacer mención más allá de hablar en la nota del humor gráfico.

Marjolein’t Hart (2007) considera el humor político como un discurso emancipatorio y reivindicativo que va de la mano de los movimientos sociales de resistencia ante las autoridades políticas y económicas establecidas. Para Hart este tipo de discurso humorístico es una de las armas que poseen los débiles para subvertir los valores del discurso hegemónico y para defender los derechos y las libertades sociales. Lejos de contradecir a la investigadora holandesa, notamos que en la actualidad esta arma es utilizada de manera errónea, con conceptos vacuos que en lugar de con su misión esencial, pareciera satisfacer sólo la necesidad de lo inmediato que se consume y se descarta, de manera superficial.

Vemos en la mayoría de los medios nacionales titulares que mencionan un suceso político o social importante, seguido por la frase “Estallaron los memes en las redes sociales”. Podemos verlo con cuestiones referidas al refuerzo al cepo que tiene el dólar en nuestro país.

También en el diario La Nación.

Y hasta referidos a la pandemia que estamos viviendo.

De este modo, el humor político pierde la fuerza que supo tener. Aquel que fue capaz de ridiculizar a los más poderosos hoy pasa desapercibido, ese mecanismo que unió sociedades padecientes de personajes violentos y supo fortalecer a los más débiles, en la actualidad produce divisiones que fatigan las relaciones entre pares, que buscan cada vez más los opuestos, se pelean entre sí mientras los de “arriba” siguen aumentando su dominio. Hacer memes no es hacer humor político.

 

 

 





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