Actualidad

Villa Esperanza sufrió los efectos del agua




San Nicolás-Las inclemencias climáticas no golpean a todos de la misma manera. Como es regla en las sociedades que expresan desigualdades, el acceso al bienestar se va restringiendo desde el centro hacia la periferia, hasta llegar al último de los anillos de desarrollo social, donde las calamidades suelen “normalizarse” hasta el punto de generar resignación.

 

En ese anillo más alejado del centro se ubica la parte más postergada de Villa Esperanza, una zona inundable no sólo por sus características topográficas sino, también, por la falta de obras que permitan desviar el agua que baja de los campos.

En Villa Esperanza  el agua acumulada baña prácticamente la totalidad de las calles de tierra, desconectando esa parte de la Villa del resto de la civilización.

“No sabemos más que hacer. En época de elecciones vinieron todos a ofrecernos soluciones. Las elecciones ya pasaron y aquí estamos, otra vez abandonados”, señaló María, una de las vecinas del lugar.

Obligados a andar en ojotas para cruzar por el agua y el barro, los lugareños temen no sólo porque el agua avance sobre las casas, o por la aparición de víboras, roedores o infecciones, sino también por la posibilidad de que alguien pueda sufrir algún tipo de accidente o problema de salud.

“Es imposible que aquí pueda ingresar una ambulancia. Las calles son un desastre. Le hemos pedido al Delegado (Roberto Bornis) que traiga piedras para que los vehículos puedan ingresar, pero nada hemos conseguido. Nos sentimos olvidados”, señaló José, otro vecino que para ingresar a su casa debe mojarse  de los tobillos hacia abajo.

Ayer el agua se había retirado de las casas, pero se acumulaba en las calles.

“Ahora la situación mejoró porque paró de llover, y ya no baja agua de los campos. Pero ayer (por el lunes) era una laguna toda esta parte”, comentó María, mientras señalaba un perímetro de unos cien metros cuadrados.

Lo curioso y triste es cómo estas personas hablan de una “situación mejor” cuando, para cualquiera de los que vivimos en zonas urbanizadas, el panorama que reinaba ayer en Villa Esperanza  sería poco menos que desolador.

“No se puede vivir así, y menos con chicos. Tuve que mandar a las criaturas a otro lado porque esto no es vida”, contó otra vecina, que prefirió resguardarse en el anonimato.

Los que peor la pasan son los habitantes de las casas pegadas a los campos, puesto que son las primeras en inundarse, y las últimas a la hora de ver retirarse las aguas.

Cuatro jóvenes que viven en ese sector salieron ayer a manifestar su bronca en la Ruta 188, quemando cubiertas.

Pero al poco tiempo de iniciar la protesta fueron -según denunciaron otros vecinos- “levantados” por la policía del Destacamento de General Rojo.

Es decir, no sólo deben padecer las inundaciones sino también el atropello de la fuerza policial.

“Cada vez que nos inundamos nos traen bolsones de comida y colchones, pero eso no soluciona nada. Lo que necesitamos nosotros es que nos hagan las obras para que el agua se vaya para otro lado. O que vengan a tirar piedras sobre las calles, para que se pueda transitar. Tenemos que andar señalizando los pozos nosotros mismos, para que nadie se caiga”, denunció Mirna Barrios, una vecina de Villa Esperanza cansada ya de esperar.

José Astudillo también se quejó por la falta de obras que impidan las inundaciones: “Nos sentimos abandonados. Ni siquiera podemos tomar agua si antes no la hervimos”, apuntó José.-

 

Fuente: Diario El Norte.





Don`t copy text!