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Vergüenza ajena…

Desde el año pasado los concejales que sesionan cada dos semanas para proponer soluciones y proyectos con el objetivo de lograr el bien común son 15, pero ¿de los quince cuantos trabajan en realidad? ¿Todos son activos, charlan con los vecinos, presentan proyectos y pedidos al ejecutivo serios? Desde el 2011 que asumió hasta hoy ¿cuantos proyectos serios presentó la edil oficialista Bárbara Junco?

 

Esta nota es parte de un informe que nuestro medio ha venido estudiando desde hace más de un año, y donde encontramos que las quejas de la gente, están en lo cierto. La concejal Junco, es una de las destinatarias de las acusaciones de estafa a la sociedad más visibles.

A principios de este año la edil que ingresó al Honorable Concejo Deliberante de Ramallo en 2011, en la lista oficialista, presentó un proyecto que tenía que ver con una competencia de Jet Sky que se desarrolló en las costas de nuestro partido, sin embargo cuesta encontrar otros proyectos que fueran obra de Junco. De hecho, luego de cada sesión a los medios de comunicación llega un parte de prensa en el que se detallan los proyectos, resoluciones y pedidos de informe con sus respectivos autores y en ya casi tres años ocupando el rol de concejal su nombre aparece en muy pocos.

¿Los ramallenses le pagamos a una persona solo para que levante la mano? Parece mentira pero es así, la concejal Junco ni siquiera se molesta en ser participativa en las sesiones ordinarias que se celebran cada dos semanas ya que a diferencia de sus compañeros de bancada, que por lo general presentan proyectos importantes, los argumentan y los debaten, Junco se sienta en silencio y lo único que hace es levantar la mano para aprobar los proyectos que su bloque cree conveniente que se aprueben.

El sueldo que cobra un concejal de Ramallo es mucho mayor que lo que percibe un obrero que deja la vida de lunes a sábado, doce horas, en una fábrica, por eso sería interesante que la concejal Junco en el tiempo que le queda en el concejo deliberante hasta el 2015 haga lo que desde hace tres años debió hacer, TRABAJAR, si su conciencia no le permite renunciar.

Aunque la concejal junco no representa a la generalidad de los ediles que si trabajan, debería renunciar por lo vergonzoso de su labor. Los proyectos presentados en los años anteriores son pobres y hasta lamentables, digno de un adolescente con poca o ninguna preparación. En la jerga popular, lo que hace el concejal junco es “un robo”, o dicho de otra manera es un ñoqui más. Asistir y votar en favor del oficialismo no la convierte en una representante del pueblo, y su renuncia debería  ser un acto de grandeza para quienes pagan su sueldo con los impuestos. Y este pedido, debería formalizarse por parte de los propios compañeros de bancada.

La pasividad de Junco seguramente no se deba a que es una persona con pocas luces o porque desde el principio deshonestamente se le propuso cobrar un sueldo solo por levantar la mano, sino que probablemente Junco, al llegar por un acuerdo político y nunca haber participado en militancia activa, no conoce la función que debe cumplir un concejal. Pero se agrava nuestro cuestionamiento a la hora de advertir que no conocemos su voz, su opinión, o el simple hecho de caminar un barrio por mes y elegir un vecino al azar para conversar y enterarse lo que pasa en la calle, a la gente real.

 

Sabemos que esto puede rebatirse con el argumento que asegura que llego al cargo de forma legítima y elegida por el pueblo. Pero nos adelantamos a su defensa, ya que por entrar en una lista sábana, no hay forma de elegir solo a los representantes que el pueblo considere más capaces. La edil oficialista Junco desde hace tres años se dedicó incansablemente a levantar la mano sin saber que ser concejal es mucho más que eso.





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