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Una sesión impresentable…

La sesión del Concejo Deliberante de anoche dejó mucha tela para cortar más allá de la aprobación o no del Código de Ordenamiento Territorial porque tuvo aristas atípicas que dejan mucho que desear: obreros del sindicato de portuarios en la sesión, denuncias de los ediles oficialistas de agresiones y desmentidas de los ambientalistas.

El Código de Ordenamiento Territorial se aprobó por mayoría y eso no es noticia como tampoco lo es la polarización extrema que vive nuestra comunidad. Así lo demuestran los últimos proyectos que dividieron aguas: El Tonelero, la residencia, el Código de Ordenamiento Territorial. La aprobación de este último, se dio en la noche de ayer en un clima que no fue el más pacífico, ya que ninguno de los actores intervinientes contribuyó  a crearlo. En primer término, desde el municipio, que no tiene dinero para invertir en la educación de los ramallenses, se contrató los servicios de un vehículo que invitaba a la comunidad a asistir a la sesión extraordinaria para que apoyen a los ediles  en su objetivo de aprobar el proyecto; en segundo lugar, Marcela Isarra que a través de Facebook denunció que se tuvo que ir a su casa acompañada por la policía debido a la agresión que sufrió de parte de los ambientalistas que, a su vez, juran que no se cruzaron con la edil oficialista, que según los integrantes de la ONG UPVA, se habría ido acompañada por Lorena Gómez en un vehículo sin ser agredida ¿Quién miente?; en tercer lugar, la presencia de obreros portuarios que habrían sido invitados por el municipio para amedrentar a los ambientalistas; en cuarto lugar, la franqueza casi suicida de un concejal oficialista (Desposito) que al ser indagado por los ambientalistas contestó que él ponía el hombro y por eso cobra un sueldo; por último, el comentario de mal gusto de uno de los ambientalistas, molestos por la aprobación del nuevo Código de Ordenamiento, sobre el hijo de Hector Sbuttoni.

Toda esta situación debería poner en alerta tanto al ejecutivo municipal como a los concejales, cualquiera sea la bandera política, para flexibilizar y negociar (en el buen sentido) los distintos puntos de vistas y así acercar pareceres. Sin embargo, para que eso pase es necesario dejar de lado orgullos, intereses económicos e internalizar que en definitiva son empleados públicos, que cobran onerosos sueldos, para gobernar en favor de los intereses de todos los ramallenses.





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