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Una muralla de cemento para el Río Paraná




En las últimas semanas creció la presión social para que se frene la idea de construir sobre la barranca del Río Paraná un edificio de más de 40 pisos de altura. Vecinos, organizaciones sociales, ONG´s y políticos coincidieron en parar la intención del Grupo inversor Obras Ramallo con la venia del ejecutivo municipal.

 

Claro está que la habilitación final corre por manos del Concejo Deliberante. A principio de este 2017, el intendente Mauro Poletti llamo a sesiones extraordinarias al Concejo para que aprobasen, camuflado entre otros proyectos, el cambio de zonificación en esa franja de la costa para poder emplazar el proyecto edilicio. Tempranamente los ediles de la oposición pusieron en claro las intenciones de Poletti de beneficiar a un privado a costa de la salud visual de los vecinos de calle San Lorenzo y San Francisco Javier. Que se erija en ese lugar semejante construcción no solo presupone una contaminación visual irreparable, sino que sienta precedente para futuras construcciones.

Rápidamente la maniobra tomo estado público, y el ejecutivo en anuencia con sus concejales decidió que forme parte de las Audiencias Públicas que estaban convocadas para otra cosa. El apuro de sacar estas ordenanzas no recaía en el interés del ejecutivo, sino que era exclusiva intención de los privados. Una vez más la política al servicio de los billetes.

El Río tapado

En una maniobra que roza lo ridículo, el responsable de la firma “Obras Ramallo”, Gabriel Giordano, circulo por los medios locales justificando su inversión.  Él sabía que la empresa necesitaba que el Concejo Deliberante apruebe una excepción, ya que en ese lugar no está permitido construir un edificio como el del proyecto. Giordano explico en distintos medios que  “se sabe que por zonificación está permitido construir pero no es la altura que nosotros deseamos, acá se puede construir hasta 9 metros de alto según el código viejo. Por eso nuestra postura es que si construimos 9 metros o 40 metros la visual quedaría obstruida de todas maneras”, justificando que, como propietario del terreno, era lo mismo 9 que 40 metros.

Según Gabriel Giordano negociaron con el municipio: “lo que pedimos en la municipalidad, es que nos permitan construir a una mayor altura, no por capricho, sino porque la demanda nos lo pide”, sobreponiendo su interés personal y empresarial sobre el resto de la población.

También Giordano se refirió a la resistencia que generó el proyecto: “nosotros estamos al tanto de los que se oponen, es respetable la opinión de cada uno. En ningún momento pensábamos que íbamos a generar algún malestar en la gente”. Para luego ensayar una justificación inentendible, en un sinceramiento poco creíble: “siempre lo pensamos del lado que es un trabajo para nosotros, que tenemos muchos empleados, muchas familias por detrás y hay que mantener la empresa viva”.

La mentira de la Plusvalía

El discurso de Poletti al momento de defender la Plusvalía Urbana rezaba en los beneficios que traería para los vecinos. En los últimos días de diciembre pasado, en conferencia de prensa anunciaba a los medios las “ventajas” de los cambios de zonificación en Ramallo, Villa Ramallo y Pérez Millán, donde la aprobación en el Concejo permitiría hacer su negocio al desarrollador y, a cambio, dejaría cerca de 100 lotes  para el municipio.

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Casualmente Giordano se refirió al acuerdo con el gobierno local y al aporte que deberían hacer, en caso de que se apruebe la excepción, en concepto de Plusvalía Urbana. “Después de tres reuniones, llegamos a un arreglo, serían $560.000 y también el acondicionamiento de la bajada de la calle San Francisco Javier. Nos explicaron cómo era y nos dijeron que se podía entregar en hectáreas de campo, para un futuro plan de viviendas”.

A valores nominales del mercado, esa suma de dinero representa una parcela de 20x50mtrs en las afueras de Ramallo o Villa Ramallo.

El concepto de Plusvalía Urbana, en este caso, sería sacarse de encima la responsabilidad del estado de construir la bajada de calle San Francisco Javier, a cambio de hipotecar la vista al Paraná.

El antecedente

El periodista Fernando Latrille rescató la discusión en donde el Concejo Deliberante trató y votó la venta de la Plaza del Estibador, en el acta Nº963/05 de la sesión extraordinaria del 29 de marzo del 2005,  figuran los discursos que los ediles brindaron. El por entonces concejal Mauro Poletti votó por la negativa, en su discurso repitió una y otra vez “…creo en un desarrollo donde exista planificación y no exista esta improvisación demostrada”, y nuevamente en otro tramo de su elocución reiteró: “…tenemos que planificar porque seguramente se van a dar otras inversiones”; también sostuvo: “…creo que debemos ser de aquí en más muy cuidadosos con los espacios públicos, con los espacios de la gente”, para cerrar volvió a pronunciar: “…creo que debemos ser ordenados, creo que debemos planificar, creo que debemos trabajar en estos temas con mayor seriedad y desde ya adelanto mi voto por la negativa”. Hoy los papeles se invierten, Poletti pasó a atender del otro lado del mostrador e impulsa este proyecto. Una vez más el interés del privado por encima del vecino.

La planificación que Poletti hablaba allá por el 2005, hoy se vuelve a discutir: ¿Queremos un Ramallo tapiado en su vista al río? ¿Queremos un Ramallo a merced de los caprichos privados?

La experiencia de San Nicolás en su edificación de cara al río, escindió de su conexión con la costa. Una muralla de fastuosos edificios rompió la armonía natural de la ciudad y su costa. Es el ejemplo más claro de una mala planificación atendida por intereses inmobiliarios. Ramallo es virgen en esa materia, pero romper esa naturalidad es un camino peligroso, este proyecto amenaza con una ciudad integrada a su ámbito natural.

¿Sabrá el intendente Poletti el potencial daño que puede realizar por el capricho de un inversor? ¿O atenderá el reclamo del vecino, que desde ya se opone a esa intervención edilicia?

Obviamente la interpelación es direccionada, pero la última palabra la tendrán los Concejales votados por el pueblo. ¿Estarán a la altura de las circunstancias?

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