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La Cámpora: Los talibanes de Cristina




Hay  miles de escritos a cerca de esta estructura, pero este ensayo resumido, ilustra una postura, no necesariamente “la verdad”,  pero lo hace con la suficiente claridad como para intentar analizar y explicar este fenómeno, que hoy,  está cada vez más alejado del peronismo tradicional.  Tal vez tengamos lectores que puedan argumentar a favor o rebatir esta postura, y dar un debate a la altura de quienes miran el fenómeno desde afuera, sin participar.

 

¿Porque militancia y no participación cívica?

No hace demasiado tiempo atrás, los argentinos empezamos a escuchar el título LA CAMPORA para señalar al grupo de jóvenes ciudadanos activistas y simpatizantes de este neo-movimiento sociopolítico nacido a la sombra del peronismo clásico denominado Kirchnerismo, quien adquirió status quo político recién con la llegada de Cristina al poder, consolidándose como el subgrupo proselitista más predominante y fuerte del país, sobre todo luego de la  re-elección de CFK. Está integrada por izquierdistas e izquierdosos (en su mayoría), pero también hay derechistas, derechosos, ex-radicales e idealistas todo terreno,… mas los oportunistas de siempre.

Filosofía del verticalismo. La Cámpora es el brazo militante de Cristina, y se ha convertido per se en una fuerza de temer, tanto para opositores como para los propios peronistas. Mucho se ha dicho y escrito sobre este grupo, pero pocos han ahondado y enunciado los fundamentos, causas y razones filosóficos para tal fenómeno.

A diferencia de las distintas agrupaciones juveniles políticas que se pueden encontrar en cualquier república democrática occidental contemporánea, La Cámpora se caracteriza no solo por militar y acompañar a su líder, sino que además es el motor neurálgico donde se apoya Cristina, sirviendo además como vehículo para la sinapsis que une al personalismo orgánico con el resto de la estructura de gobierno. Pero además, y esta es su función quizás primordial, se constituye casi místicamente, como la tropa guardiana y protectora del dogma político que Néstor y Cristina supieron edificar. Es la divulgación viva, la garantía y el blindaje del ya recontra conocido “relato”, es decir,  la realidad que conviene “ver”.

Es la guardia pretoriana de Cristina, y como los mejores ejércitos modernos,…son “profesionales” (nadie hace nada gratis, más allá de su innegable “amor”. Muchos de ellos (las elite) ocupan altos cargos dentro del gobierno, otros lo hacen en las empresas privadas propiedad de la Corporación Peronista, pero los soldados rasos (las bases) se manejan perfectamente bien con los planes clientelares y las changas piqueteras que cada vez son más frecuentes y onerosas.

     …..Alguno por ahí dijo que es la “agencia de empleo” más confiable del país, pero es mucho mas que eso, ojo también hay algunos que realmente participan de manera vocacional pero temporal.

La Cámpora es un innegable producto colateral emergido a la palestra del sistema verticalista que estigmatiza a los argentinos, y es colateral hasta que la acumulación de poder los convierte en fundacional. Ya la Rusia de Stanlin supo ceñirse a las prácticas militarizadas, donde militancia y militares se confundían entre genocidios y purgas atroces. Vale decir que tanto extrema derecha y extrema izquierda cimientan su totalitarismo en estos regimientos fanatizados.

En el denominado socialismo Latinoamérica siglo XXI hay varias réplicas símil “La Cámpora” pero ninguna tan parecida como las milicias bolivarianas de la Venezuela chavista, estructuras que es posible sostener mientras el dinero alcance, sea de donde sea que este saque, del petróleo, la soja, o incluso si el costo lo tienen que pagar los propios trabajadores con impuestos regresivos, distorsivos e injustos. Por esto es lógico concluir también, que estos movimientos están condenados a su vencimiento, cuando la económica clientelar termine por quebrar el estado.

 El opio de los pueblos verticalistas que “van por todo”

La adoración del verticalismo, o del gobierno unipersonal totalitarista, es la consecuencia de la búsqueda del intercambio de protección por libertad. El individuo en virtud de un supuesto populismo (sistema de poderes proletarios horizontales) elige perder sus aptitudes de hombre libre, es decir, su capacidad de pensar libremente, delegando esos atributos al líder político, que ha de decidir, ha de prever y ha de pensar por todos y cada uno de los habitantes de una Nación. Se llega así a un unicato aristocrático y plutócrata (dada su fertilidad para la corrupción), en el cual el Estado domina todos los aspectos de la vida individual y colectiva. Por ello es comprensible el tesón puesto para controlar la opinión pública.

Argentina tiene una orgánica verticalista orwelliana, donde el “Ministerio de la verdad” subtitula la realidad para que el dogma sea consumido por la plebe como papilla para los bebe (se consume sin masticar). Claro que el adoctrinado llevado a estos extremos se asume como un auténtico intelectual dado la supresión de sus funcionales racionales para que solo el idealismo subconsciente este en control de sus actos y emociones. Funciona igual que un dogma religioso, no importa si los hechos existen o no, importa su Dios y su credo. Engel y Marx afirmaron que la religión es el opio de los pueblos, pero en realidad la frase correcta es: LOS DOGMAS SON EL NARCÓTICO DE LOS PUEBLOS. Y es tan fuerte el poder de un dogma, que los partidos políticos aun teniendo doctrina propia parecen un alfeñique a su lado. La sensación generalizada de que no hay oposición son prueba de ello.

Para no hacer tan extenso este ensayo, bien podemos concluir que La Cámpora es hija del “verticalismo Cristinista”, en virtud que bajo este adoctrinamiento sublime se transfiere toda la responsabilidad individual al nivel jerárquico superior. De esa forma, nadie se siente culpable de nada. Incluso el perfeccionamiento de esta evasión a la responsabilidad consiste en culpar a un ente impersonal o simbología, (el sistema, el imperio, la derecha, los gorilas, “los del norte”,  los empresarios,  el sistema financiero -al que no se ataca-,  los sindicalistas insaciables, “los campesinos”, las corporaciones, las multinacionales, los servicios de inteligencia -propios del gobierno-, los intereses concentrados, los Repsol -no los Chevron-, Clarín, la justicia (la que no falla a favor), los periodistas (los que denuncias su inmundicia), los buitres (que nos prestaron el dinero que supimos dilapidar en sin decir una palabra, durante la gran mentira del 1 a 1), etc. por todos nuestros errores y defectos.

Esta actitud lleva implícita una renuncia a cualquier intento de mejoramiento ético individual y colectivo.

La Cámpora es una versión nostálgica pero hegemónica (en este caso) de Montoneros. Claro que los tiempos son otros, no así las misiones, …prevalecer y sostenerse en el poder a cualquier costo. La peligrosidad de este y otros grupos similares dependerá de cuan fuerte y madura estén las democracias sudamericanas en la década que vivimos. La Cámpora y este tipo de ejercicio pasional y demencial de la política son patologías de la mala salud de una República. La frase “vamos por todo” no es un eufemismo casual nacido como al descuido en medio de tan magno fervor, es su más sincera y auténtica misión. Los totalitarismos siempre van por todo.

En una militancia cívica partidaria de verdad, se discute, se debate, se polemiza, se hacen propuestas, se acuerda con el fin de construir en conjunto mejores planes, modelos y soluciones para el partido y el país. En la Cámpora solo hay disciplinamiento, adoctrinamiento y oportunismo, ergo el único que puede pensar por todos es su líder,…Cristina, y el que no se somete, queda afuera y se atiene a las consecuencias. La Cámpora es la mejor muestra del grado de deterioro cívico, moral, ético y cultural de la que es presa nuestra sociedad.-

 





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