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Fragancia fecal…




Por tercer verano consecutivo, el olor que cubre Ramallo, en una zonas más intenso que en otras, y peor aún si no hay viento sur que lo aleje de la ciudad, la planta de fábrica Fiplasto, la misma que se comprometió a solucionar todo para agosto del 2013, sigue emanando un olor nauseabundo que comienza a sentirse a mitad del día, y se intensifica hacia el atardecer. No hace falta explicaciones para advertir que las piletas que supuestamente limpiarían el olor y el agua, no funcionan como se había comprometido la fábrica Fiplasto, los concejales que hicieron visitas(Agotegaray, Fabrizzi, Poletti, entre otros) y viajes que por supuesto no han servido más que para acallar un tiempo los reclamos de la gente.

Como si tuviéramos un animal muerto en el fondo de la casa, el olor se hace insoportable, cuando el aire caluroso del norte lo arrastra a la ciudad, o el viento noreste lo lleva hacia Villa Ramallo, incluso, donde también se siente. Las piletas de purificación parecen explotar de olores nauseabundos luego de un día de sol. El olor parece no llegar a la casa de los funcionarios que deberían estar en el tema, como tampoco de los concejales que en ese momento aceptaron el compromiso de la empresa de solucionar esta situación. Mansilla, el ex edil Fabrizzi, Bocha Agotegaray  y algunos más, están en deuda con la gente.

El control que debe ejercerse, como la exigencia del cumplimiento de la palabra de la empresa que provoca el olor, brillan por su ausencia.

 

Los turistas, que llenan decenas de cabañas y cientos de plazas ocupadas repartidas por todo el sector de la costa, la vera de la ruta 51 y el Arroyo las Hermanas, disfrutan no solo de la naturaleza, sino del olor.  Cuando los turistas preguntan que es ese olor, un calor producto de la vergüenza, atraviesa a cualquier ciudadano que tiene que dar una respuesta, algo así como “es de una fábrica que lo va a solucionar para…hace un año y medio… “. Una situación inaceptable para cualquier persona con sentido común, ya que un lugar que se perfila como centro de mini turismo en crecimiento, es incompatible con esta realidad.

Un verano más con olor a podrido, y van… ¿tres?.. ¿Cuatro?… y los mismos de siempre, los vecinos, seguimos aguantando la asquerosa baranda, como la parálisis de los funcionarios.





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