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Crónica de un reclamo de todos




La noche cae , y solo a dos cuadras veo la gente llegar , como brotando a borbotones, en grupos desorganizados . Sin banderas, sin partidos, sin lideres, son jóvenes ,adultos ,viejos, niños.
Algunos en vehículos importantes, otros de a pie, en bicicleta, moto, colectivo. 
Solo un mensaje por las redes sociales, espontáneo, sin autor, los convoca en el palacio municipal.

 


 

Puedo ver sus rostros ofuscados, con el ceño fruncido, tratando de ocultar el miedo en las entrañas.
Postal de una ciudad que no parece la mía, a la que decidí venirme por sus puertas abiertas, la bicicleta sin cadena, el auto en marcha esperando a su dueño, salir a caminar sin miedo a no volver.
De pronto alguien eleva la voz, y se suman de a decenas (sino centenares) pidiendo a los gritos, una palabra que hace tiempo no pronunciamos por dolor al haberla perdido.
¡¡SE-GU-RI-DAD!! ¡¡SE-GU-RI-DAD!!
El calor se hace pesado, cada vez más personas por metro cuadrado, nos llevan a estar “apretados” en la entrada del lugar. 
Aun más gritos surgen ,de la desesperación del alma de los que han sufrido en carne propia hechos de inseguridad, de quienes han perdido el sueño pesado, sin sobresaltos, la reja sin llave , el “pasa esta abierto” y me recuerda a la farmacia, que visite esta tarde, que gracias a la libertad de los delicuentes, resulto encerrada en su propio negocio su dueña, atendiendo detrás de un vidrio grueso, frio.
EL intendente, la policía y el encargado de la SEGURIDAD, dan la cara, para que los gritos a bofetadas le entren por doquier, como un boxeador perdido a punto de perder la pelea , se traslada el escenario a un lugar mas grande.
La maroma de gente, acompaña arrinconando a los tres al escalón del patio de las banderas.
El desorden reina, mientras cada uno expone , casos conocidos que les ha tocado vivir, hasta que la emoción los traiciona, se anuda la garganta del rencor, se transpiran lagrimas en el sudor.
Alguien acerca un megáfono, color blanco, y rojo, lo que lleva a organizar y levantar la voz de los que no pueden escucharse, nuestros mayores.
Gente conocida, lugareña, que habitaron el PUEBLO GRANDE antes de que los que los gobiernan nacieran. 
Teresita, tranquila y firme, nos cuenta lo sucedido, y recibe su aplauso de apoyo. Puedo escuchar claramente ante los rostros inmutables de los politicos, la voz de un amigo, que por conocimiento propio aposto todo su capital, a vivir en Ramallo, por encontrar la calidad de vida que no tenia en el gran Bs As. El y su familia, fueron protagonistas de un horror novelesco, sus hijos de aproximadamente seis y siete años mas su mujer ,fueron amordazados, y saqueados en su propia casa. Recuerdos que intenta borrar pero que le quiebran la voz.
Bajo la mirada, me duele a mi también y puedo ver sentadas en ronda, a las amigas de mis hijas, me sorprendo, ya que a tan corta edad (14 o 15 años), participan eufóricamente de la asamblea, y ciclotímicamente me alegro, los chicos crecen, y tienen conciencia.
Pero la imagen de un señor de unos setenta y pico, con su mano derecha temblorosa, apretando con rabia, el micrófono del megáfono, me destruye, el me recuerda el pasado perdido.
Se enoja, se calienta, de tez blanca cabello blanco, se torna bordo, y casi a punto de descomponerse , la presión ,seguramente….dice, grita, escupe su bronca en contra de los tres vapuleados dirigentes. 
Los acusa de haberse “dormido en los laureles” . 
El encargado de seguridad, tiene los ojos rojizos, inyectados en un nerviosismo traicionero, como quien no puede enderezar el barco, y el capitán (intendente) le pide respuestas que el no puede brindar.
La discusión sigue, el laurel donde dormimos se seca, se caen las hojas , y como una rama quebradiza me retiro del lugar, en donde aun cerca de cuatrocientas personas aun quedan debatiendo “que hacer”.
Son dos cuadras las que me separan de la radio, se hacen interminables los pasos parecen mas largos. Voy con el celular en la mano, escuchando música, cuando de pronto veo que dos jóvenes se cruzan de vereda hacia la mia que estaba totalmente a oscuras, guardo el celular. Bajo la cabeza, pero no la mirada. Cierro el puño derecho, asustado pero dispuesto a defenderme, nos cruzamos las miradas. Creo los tres sentimos temor. Siguen de largo, y respiro profundo.
Llego a la radio, y pienso “ no es solo una sensación” es inseguridad.

Ojala todos recordemos esta movilización,y la repitamos, 
Estamos en democracia, gracias a DIOS.Podemos decidir y participar, derecho y obligación. 
Ojala la costumbre argentina de mirar para otro lado no se adueñe de nuestras mentes. Y entre todos podamos recuperar a 
NUESTRO RAMALLO. 

 


 

 

Escrito por DARIO CALDERONE. 

Cobertura de la marcha por seguridad de Estación NBA en vivo.





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