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Carta al diario El Norte con respecto al artículo del ingeniero Adolfo Caamaño




Con el título “Sector agropecuario: producción de alimentos, agroquímicos y salud” el ingeniero Adolfo Caamaño analiza en forma errónea desde el conservador diario El Norte lo que se viene discutiendo en las audiencias públicas que realiza la comisión de medioambiente del Concejo Deliberante para luego dar paso a la elaboración de una norma que tenga como objetivo la defensa de la salud de la población ante el uso de los agrotóxicos utilizados en los campos.

 

Como si se tratara de un crítico de cine que no fue a ver la película de la que habla, Caamaño nuevamente queda embebido de patrañas en su artículo. Está claro desde hace tiempo su posición ideológica. El propio diario El Norte comunicó en su momento que tanto Adolfo Caamño como el Intendente Santalla fueron los que hicieron posible que Expoagro se lleve adelante en Ramallo. Es un hombre que defiende los agronegocios, y se vincula con ellos, le habla a ese sector, y eso ¿está mal? No, claro que no, la libertad de expresión permite que Caamaño en sus artículos haga los lobby empresariales que le parezcan convenientes. Lo que sí constituye una vergüenza, y hace que uno ponga el foco en lo que escribe es su irresponsabilidad. Cualquiera que quiera realizar una opinión de lo que está sucediendo en cada audiencia pública sobre fumigaciones debería al menos tomarse el tiempo para presenciar alguna de ellas. Caamaño estuvo ausente en las dos que se llevaron adelante. Y suponiendo que reunió información para hacer un análisis al respecto, sin dudas se puede decir claramente que sus fuentes no han sido confiables. Cualquiera, con cualquier posición ideológica que haya concurrido a las audiencias podrá expresar que ahí no se está discutiendo “Agoquímicos sí, agroquímicos no, fumigaciones sí, fumigaciones no” como sostiene el ingeniero en su nota. El debate es más profundo, mucho más rico, cada expositor que pasó por las audiencias ofreció, brindó, datos, como así también lo hicieron luego, cuando el debate se abrió al final al público presente donde productores, ciudadanas y ciudadanos preocupados por la salud exponen su punto de vista. Distintas posiciones quedan planteadas, y se tratará con esas audiencias mejorar lo que ya está, que es la ordenanza de 2010 que tiene su punto más débil en los que ofrece, los escasos 50 metros para las fumigaciones terrestres. Es decir, no se trata de agroquímicos sí, agroquímicos no, se trata de descubrir alternativas que protejan la salud. Fijar distancias que estén acorde a fallos judiciales que han sentado jurisprudencia puede ser una alternativa que permita a los representantes brindar una herramienta al pueblo para la protección de su salud, para que los casos que deben resolverse con política no se judicialicen. Por otro lado, si Caamaño hubiera asistido, o preguntado al menos a los concejales que asistieron, sobre qué datos sobresalieron en las exposiciones, seguramente le podrían haber informado lo que él debió haber volcado de haber realizado un trabajo serio para su nota, que por ejemplo el ingeniero Carlos Manesi expresó “que existe un listado de 20 productos que no son promocionados debidamente por SENASA y que no afectan la salud como los agroquímicos”. Dato que no es menor, y que por ejemplo el concejal Sbuttoni repreguntó, y seguramente será tenido en cuenta para incorporar en el proyecto que se elabore para darle notoriedad y recomendar a los productores-aplicadores.

En parte de su artículo Adolfo Caamaño expresa: “Hoy, en muchos partidos como el nuestro se hacen debates sobre cuál debería ser el uso de los agroquímicos y hay hasta quienes plantean una agricultura sin agroquímicos ni fertilizantes. Sería bueno que sepan que más del 70 % del rendimiento de un cultivo extensivo lo explican éstas tecnologías, con lo cual, dejar de usarlos dejaría sin alimentos en el cortísimo plazo a más de un 70 % de la población mundial. Lo que habría que hacer es profesionalizar la discusión, resolver cuestiones estrictamente técnicas, invitar a profesionales de otras áreas a que entiendan cual es la realidad y llegar a sistemas de producción que sean sustentables. Hoy lo único que se está discutiendo es distancias y drogas a utilizarse cerca de los centros urbanos, y si bien no es un detalle, esto no garantizaría la adopción de buenas prácticas y garantizar sistemas de producción técnica, económica y socialmente sostenibles en el tiempo”. Lo que expresa aquí Caamaño es atendible desde el punto de vista de los negocios, pero no es este precisamente el tema que los convoca a los concejales, a la comisión de medioambiente. Acá se está hablando del medioambiente que es también habar de la salud, y Caamaño habla de los negocios. Voy a pecar de autorreferencial por un instante para que Caamaño sepa lo que se está discutiendo, que no son negocios, sino salud. Mi familia vivió de una feria agrícola-ganadera que emprendió mi padre junto a otros socios y que luego continuó mi madre cuando él falleció. Esa feria agrícola-ganadera cerró sus puertas cuando la política menemista hizo que el negocio mute a la vedette de la soja. EL negocio, porque era un negocio, como todo negocio, dejó de marchar, por supuesto esto se debió a las políticas de Menem Cavallo, ingeniero mediante Felipe Sola. Pero esas cosas suceden, los negocios mutan, o fracasan, o pueden ser exitosos. Lo que se debate aquí, es que ese negocio que algunos emprendan con brutal voracidad y sin control no termine afectando el medioambiente y la salud de la población, y es lo que ocurre, y por eso el medioambiente debe defenderse porque es defensa de la salud. Y si bien existen los que proponen ir hacia un sistema productivo ecológico, nadie, absolutamente nadie está diciendo que se cambie el sistema productivo de raíz, y eso queda claro por los expositores defensores de la salud y el medio ambiente. El último expositor que pasó en la segunda audiencia a la que Caamaño no fue, ingeniero Carlos Manesi expresó “por lo menos limitemos el uso, sabemos que ir hacia otro sistema productivo no se hace de la noche a la mañana, empecemos por algo” y de eso se trata, de limitar, regular, que es la función que debe realizar todo Estado, en este caso la función de los concejales es brindar normas, que no dejan de ser herramientas de los pueblos, y en este sentido estamos frente-por primera vez- ante una herramienta que construye directamente el pueblo, ya que se le da la oportunidad de participar exponiendo, planteando, escuchando, sugiriendo, aportando, debatiendo que es lo que se hace en toda democracia cuando está viva en serio. Cuando Caamaño expresa que “lo que habría que hacer es profesionalizar la discusión” es algo que se hace. Y él pudo hacerlo, ya que existió un registro donde pudo anotarse de haber querido, porque no hay hasta el momento ningún caso de alguien que quiso anotarse y se lo impidieron. Pero la profesionalización de la discusión existe. Desde lo académico y hasta desde lo vivencial. Porque nadie más profesional que los que padecen los problemas que tuvieron, como los hicieron las vecinas que sufrieron la fumigación del campo de los hermanos Pierotti de Villa Ramallo, realizaron un mapeo epimediológico para que le permitiera saber lo que sucedía en su barrio. Es decir, la discusión es profesional, y de eso no caben dudas, podrá asistir a la tercera Caamaño para verificarlo personalmente y escuchar la voz de un profesional como el Dr. Alejandro Oliva, especialista y quien coordinó un trabajo que se realizó en 2003-2007 sobre poblaciones rurales, una de ellas Pérez Millán, dando cuenta que la correlación ecopimediológica que realizaron de los centros posibles de riesgo como son los acúmulos de granos en los silos; los acúmulos de agroquímicos en galpones y la zona de exposición a fumigación, en el 90% de los casos, sobre todo el cáncer, están dentro de los 300 metros de los focos verificados.

Por último Adolfo Caamaño comete un análisis casi fuera de época, o quizás dentro de esa lógica de los que pretenden que la palabra política sea mala, cosa de dar paso a los negocios que son los buenos. Y así Caamaño subtitula en la nota “el error de politizar” casi con la ingenuidad de aquellos que no conocen el significado de la palabra política, o no entienden que todo es política, a no ser que esté ahí un mensaje muy de época dictatorial donde nada se debía discutir, donde más bien el pueblo debía aceptar aquello que se le imponía. Quizás la formación académica de Caamaño fue durante los gobiernos dictatoriales que lo marcaron a fuego y es por eso su miedo a la politización de temas cruciales para la ciudadanía. “La discusión ha tendido a politizarse y es un error politizar cuestiones de medio ambiente, producción y salud. Considero que es un acierto que los vecinos planteen sus miedos, los problemas que hayan tenido y los que no quieren tener. Y hay obligación de generar políticas y sistemas de producción que les garanticen la salud y tranquilidad a los vecinos. Esto no implica que se deba legislar abiertamente. Y mucho menos en cuestiones tan científicas. Mejor sería consultar a altas fuentes científicas, llegar a encontrar las mejores respuestas con los menores riesgos posibles y a posteriori explicarle a la comunidad como van a funcionar las cosas y exigirles a los productores el cumplimiento de las legislaciones vigentes”. Lo que nos sugiere aquí el ingeniero es que esto lo resuelvan algunos pocos, los que “supuestamente saben” y después se le informe a la sociedad cómo van a funcionar las cosas. Claramente Caamaño le teme a todo lo popular, a lo que indique participación ciudadana, esa democracia participativa que tanto se pregona, pero se cuestiona cuando se lleva adelante, por eso no concurre a las audiencias, porque según él no está “profesionalizada la discusión”. Para Caamaño, como para otros tantos ingenieros, hay jerarquías en la democracia, y hay ciudadanos que pueden valer más que otros. Por supuesto valen más de acuerdo a la posición que adopten, si su posición es de defensa de los agronegocios, esa es precisamente una voz autorizada a escuchar. Asistimos sin dudas a un hecho sin precedentes, ese Concejo Deliberante que dejó de ser honorable hace tiempo y que por parte de sus actores llevó adelante innumerables disparates: votar por mayoría la venta de una plaza pública en el 2005; determinar el sitial histórico de El Tonelero en pos de los negocios sin ningún argumento arqueológico válido en el 2013; hoy a través de su comisión de medioambiente lleva adelante una práctica que le brinda valor a la política, porque no se esconde del pueblo, sino que propone elaborar una ordenanza de cara a él, y eso es poner a la política donde verdaderamente debe estar, para transformar para bien la vida de los pueblos, que es su significado. De eso reniega Caamaño, quizás le gustaría que a la hora de elaborar una norma se haga de espaldas al pueblo, para que algunos con mayores contactos, puedan realizar lobby y soplarle al oído de algunos representantes lo que deben escribir, porque ellos sí, son los autorizados, el pueblo… el pueblo solamente debe ser notificado como bien expreso a “posteriori explicarle a la comunidad como van a funcionar las cosas”.

 

 

Por último quiero destacar el sincericidio por parte de Caamaño ya que su claridad nos permite evidenciar la importancia de las audiencias, de que el pueblo se sume a cada una de ellas, que el vecino deje de ser vecino para convertirse en ciudadano, saber que tiene derecho de construir en el debate democrático que se ha impulsado una herramienta que le permita defenderse de los ataques a la salud que se registran en nuestra zona en nombre de los agronegocios que Caamaño defiende.





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