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1 de mayo: Descansar y no pensar




“El 1 de mayo es el día del ñoqui, del explotado, del usurero de corbata, del ingeniero, del que levanta quíñela, de los bocones de los medios, del neurocirujano, del concejal, del que cambia la lamparita y de los seis que miran”-Dijo Jorge-“El día del trabajo, voy a esperar a mi mujer para almorzar con ella y sin mi hijo. Ellos dos trabajan igual que siempre, el día del trabajo. Mi mujer es cajera en un supermercados que nunca cierra, al que las leyes le permiten pagar el día al doble y hacer trabajar a los empleados, aun el 1 de mayo. Así es eso acallan la conciencia de la mayoría que hoy descansamos porque es nuestro día. Contentos por no trabajar y no pensar.”

 

Jorge continuo diciendo: “Ignacio, amigo de la infancia al que casi no veo, el también festeja hoy su día sin hacer nada. En su caso viene festejando desde el jueves a  la tarde, última vez q apareció por su trabajo. Él es un empleado del poder legislativo,  un edil, congresista, disputado, senador, o lo que fuera, no importa, para el caso es lo mismo, a todos les sienta muy bien los beneficios de trabajar dos o 3 días por semana, después de 4 meses de vacaciones.”

Es interesante la experiencia de prestar atención a nuestras contradicciones como individuos de una sociedad bipolar y ciclotímica. Este relato esta extraído de conversaciones con lectores. No refleja necesariamente el pensamiento editorial, sino individual de un ciudadano de a pie, con el que muchas veces podríamos identificamos y otras nos avergonzaría hacerlo. Los nombres reales de los casos mencionados fueron reemplazados.

Con las precisiones de que “lo que sabemos: es como nosotros decimos”, y sin que se le mueva un pelo, Jorge continuó con su radiografía de la realidad. “Mi vecina, Vilma, muy buena persona por cierto, hoy festeja su día y descansa. Siempre me llamó la atención su trabajo, que a diferencia de Walter, su marido que es supervisor en la fábrica, y no tiene ninguna de las ventajas laborales que su mujer. El trabajo de Vilma es uno de los que yo no critico en voz alta porque quedo mal parado siempre.  Es así!- exclamó Jorge- me convierto en un hereje cada vez que se me ocurre decir lo que pienso. Vilma vive en una permanente lucha por la dignidad laboral, reclamando por su salario, que por cierto debería ser de los mejores pagos en la escala,  por supuesto, si le exigieran “resultados” como los que le exigen a su marido Walter.

En la empresa para la que labura, si las cosas no van bien,  Walter debe despedir gente de su propio plantel, y eso le acarrea ulceras al pobre, pero forma parte de sus responsabilidades, como ir antes de horario y salir mucho después que el resto, además de presentar informes mensuales exhaustivos de los rendimientos de su área. Tiene un celular desde que le sacaron el Nextel, y antes tenía un handy, y si lo llaman el fin de semana tiene que ir a trabajar.

Pero vuelvo a su mujer, Vilma. Ella se toma varios días al año para hacer manifestaciones en la que dice no estar de acuerdo, pero aun así, hace huelga, marchas, discuten y discuten mucho sus magros salarios, aun perdiendo días y días de clase que saben que nunca deberán recuperar. Siempre me sorprendió que Vilma no deba rendir cuentas de sus resultados, e incluso de su actualización, ya que es su trabajo, no prepararse y seguir aprendiendo, como en casi todos los trabajos hoy en día, produce un atraso colectivo que termina jodiendo el futuro de los pibes, y de todos, porque a sus hijos también los educan maestros que solo piensan en mejorar su salario y confort, nunca en como duplicar lo que los pibes aprenden. Pero también es cierto que cobran poco. Bueno, esa es casi la norma para la mayoría”- dijo Jorge.

“Vilma entro a trabajar embarazada en marzo pasado, en una suplencia, y presento carpeta médica una semana después. Esta de 4 meses, y los beneficios laborales conseguidos en su sector le permitirán cobrar el sueldo íntegro, reincorporarse en diciembre y cobrar casi todo el año, por supuesto. El cargo de ella fue reemplazado por otra maestra que cobrará un poco menos, ya que no tiene antigüedad.  De vez en cuando, Vilma discute con su marido ya que ella es suplente, de otra maestra que, aunque cobra como la ley manda, tampoco está en funciones ya que  desde hace dos años está con licencia psiquiátrica por estrés laboral.

Vilma no pierde oportunidad de quejarse contra el sistema del que se beneficia. Se enoja porque su sueldo debería ser más alto, con o sin asistencia, si fuera titular del cargo, cosa que nunca le es permitido porque otra maestra con más antigüedad es la titular de sus horas aunque no las ejerce porque se desempeña como directora, cargo en el que espera jubilarse a los 55 años. La directora y titular del cargo original por el que cobran tres maestros de los cuales trabaja uno,  al no renunciar al cargo que no ejerce la directora, le traba la posibilidad de cobrar un sueldo mejor a las otras tres.  

No se entiende mucho- reparó Jorge- pero siempre me ha llamado la atención esto que pasa en el estado y que en el sector privado sería un delirio.

Yo no me quejo en voz alta ya que también tengo mis ventajas. Soy municipal de la ciudad donde nací y cobro ahí todos los meses. Aun así, con mi sueldo (con horas extras incluidas) en mi ciudad natal, más el trabajo de mi mujer, cajera en un súper como les comentaba, no nos alcanza. Y eso que no me llego la factura con el aumento de gas ni el impuesto municipal con aumento. Por eso  tengo un segundo trabajo. Hace 5 años que me dedico a hacer instalaciones de agua y gas. No tengo  horarios, no tengo sábados ni feriados, trabajo como un burro. Solo el domingo descanso un poco, pero aun así, en épocas de frio, la demanda de reparaciones o instalaciones de calefactores me obliga a trabajar incluso los domingos.

El abuelo de mis hijos trabaja de remisero y tiene 69 pirulos. Si deja de trabajar, no come. El laburó toda su vida, y pudo acceder a una jubilación con Cristina, ya que le faltaban años de aportes, pero con la que no llega a pagar impuestos, tasas y farmacia.

Nunca pude resolver la duda de como aconsejar a mis hijos

Aunque ellos ya están grandes, me sigo preguntando si deberíamos festejar todos por igual, el mismo día y con el mismo fin, el 1 de mayo. Las enfermeras de la clínica esta que están sin cobrar hace un año y pico, festejan el mismo día que los dueños de la clínica, igual que mi suegro jubilado que tiene que seguir trabajando, y yo, por mi trabajo de plomero sin horarios. Esto no parece justo.

Festejamos lo mismo, el diputado provincial, que es peor que un concejal local (que levanta la mano una vez cada 15 días),  las tres maestras que cobran por el mismo cargo y solo trabaja una, y el médico que autorizo a dos de ellas para que cobren sin trabajar. Parece una joda… 

Es mismo “día del trabajo” festejan: Walter, el laburante rehén de la empresa, que sigue tomando empleados cuando los necesita y se deshace de ellos cuando no les sirven, los que también festejan el día del trabajo, solo que a veces están empleados y a veces desempleados.

Festeja mi mujer que en el súper casi no puede ir al baño, trabaja 9 horas – 6 días por semana, y cobra menos que yo en la municipalidad de Hurlingan por un puesto al que no asistí jamás; y festeja Manu, mi hijo, el único de todo este circo incongruente, desastre de sociedad de la que me reconozco culpable en gran parte, que el 1 de mayo deberá clavarse a trabajar en la estación de servicio (por menos de la mitad de lo que cobra el maestro, sin derecho a reclamo ni opciones a la vista), el mismísimo día del trabajo.

Ya pase los 50, y todavía no puedo explicarme cómo llegamos a tanta desigualdad, en nombre de la igualdad.”- finalizo Jorge.

 

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