martes, julio 23, 2019
Interés General

Jóvenes: «vagos sin experiencia»

Jóvenes: "vagos sin experiencia" en interes-general
Jóvenes: "vagos sin experiencia" en interes-general


 “Ser joven y buscar un empleo parece ser todo un desafío en nuestro país o al menos así lo vivimos los estudiantes que intentamos conseguir un empleo que nos permita estudiar. Todos te piden experiencia y nadie te da trabajo”, escribió Martín en su cuenta de Facebook.

Leyendo esta declaración, trate de ponerme en su lugar y empecé a analizar la situación de otros jóvenes que me rodean y encontré que muchos de ellos deben enfrentarse a circunstancias parecidas, similares o peores, por ello este artículo.

Trataré de ser breve, ante una cuestión que es difícil de explicar debido a las diferentes aristas que presenta y que muchos solo ven algunas de ellas, como por ejemplo la falta de interés  por conseguir un trabajo, lo que muchos adultos vinculan con “vagancia” y que viéndolo desde la vereda de enfrente no es tan cierta esta afirmación y en muchos casos es todo lo contrario.

Es cierto que en nuestro país tenemos jóvenes a los que muchos llaman “Ni-Ni”, porque “ni estudian, ni trabajan”. Pero también es cierto que no todos están contemplados dentro de ese pequeño y acotado grupo.

Según las estadísticas del INDEC, los jóvenes representan entre el 17 % y el 20% de los desocupados. Conseguir empleo se ha convertido en un karma para aquellos jóvenes que desean independizarse y trazar su propio camino. Y no hablemos de los empleos informales a los que mayormente pueden acceder, donde se encuentran enfrentados ante  la demanda que el  trabajo les exige y lo que les ofrece. Se les pide conocimientos técnicos y capacidades cognitivas, sociales y emocionales mucho mayores que los requeridos para el puesto, pero simultáneamente no se les ofrece protección social ni condiciones decentes.

Cuando los chicos crecen y terminan sus estudios secundarios, los que tienen la posibilidad de hacerlo, muchos quieren seguir estudiando una carrera, ya sea terciaria, universitaria o un curso profesional,  pero las condiciones económicas suelen ser el primer  y mayor obstáculo. Para poder hacerlo muchos de ellos se ven impedidos por la falta de recursos económicos.

Elegir una carrera que a los jóvenes les guste y puedan estudiar es sumamente difícil, porque no siempre lo que queres estudiar está a la vuelta de la esquina por lo que debes irte de tu casa, a esta decisión hay que sumarle el pago de un alquiler, luz, gas, agua y comida, más el transporte y la cuota mensual de la facultad, si es pública la cuota de cooperadora y el plus de irte a vivir a otra ciudad, los miedos y temores que esa decisión implica, que al final de cuentas no son nada comparado con lo anterior, pero suma. Todo esto no es más que un breve panorama de lo que sucede en la realidad de un joven que quiere estudiar, si a esto le agregamos que las familias no siempre cuentan con los recursos necesarios para costear las demandas que implican “que su hijo estudie” nos encontramos en un gran dilema, pero no quiero detenerme en esta cuestión.

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Quiero hablar de aquellos jóvenes que salieron de su casa en busca de sus sueños esperando poder conseguir un trabajo para costearse sus estudios, me  tocó vivirlo en carne propia, pero no quiero hablar de mi caso, ya que he sido bastante afortunada. Quiero hablar, por ejemplo, de  Martín un joven que terminó sus estudios secundarios en una escuela técnica y se fue de su “Pérez Millán” para continuar estudiando acá nomás en San Nicolás, el lugar más cercano donde se encontraba la carrera que eligió estudiar. Al principio sus padres pudieron ayudarlo con el alquiler y el pago de los servicios, luego se fue complicando la cosa porque la economía de su familia no era lo suficientemente buena como para costear ambas casas y debió salir en busca de un empleo. Consiguió por un tiempo alguna que otra changuita y más lo que sus padres le enviaban lograba sobrellevar su carrera, la cual dura unos siete años y recién lleva estudiando un año y medio. La situación económica en la casa de sus padres se ve aún más complicada por lo que sus padres ya no pueden ayudarlo. Allí comienza la situación más difícil.

Martín con 19 años  y mucho dolor en el alma evalúa dejar algunas materias y aunque la carrera se le hiciera más larga no desiste en concretar sus sueños  por lo que sale en busca de un trabajo mejor remunerado que las “changuitas” y con un horario fijo. Se recorrió todas las calles del centro repartiendo su curriculum, fue a las oficinas de empleo dejo sus datos allí también y en cada puerta que golpeo aseguro: “Tengo ganas de trabajar; aprendo rápido aquello que no sé y necesito con urgencia el empleo”. La respuesta que recibió de la mayoría de los lugares fue: “Necesitas tener  de 2 a 3 años de experiencia en el rubro”.

Aquí encontramos el mayor dilema de todo joven, la “INEXPERIENCIA”  y aquí quiero detenerme. Señor empleador: ¿Cómo pretende que un joven con 19 o 20 años tenga  dos o tres años de experiencia  si en cada puerta que golpea le piden lo mismo? ¿Cómo un joven con esa edad, puede adquirir la experiencia si pocos o diría nadie le da la oportunidad de adquirirla?

Yo me pregunto y te pregunto a vos que te tomaste el tiempo de leer este artículo: ¿Cómo hacemos para que los jóvenes que quieren estudiar puedan hacerlo? ¿Cómo hacemos que los jóvenes que quieran trabajar puedan hacerlo? ¿Cómo hacemos que los jóvenes dejen de ser estigmatizados como “Vagos sin experiencia”, si no les damos las oportunidades?

 Si queremos otra sociedad, empecemos por ponernos en el lugar del otro.




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